Tuesday, July 9, 2024

Lo que los medios no dicen acerca de María Corina Machado


Por Steve Ellner

Fuentes: NACLA / Rebelión

Con toda la bomba publicitaria acerca de María Corina Machado como la verdadera esperanza para superar los 25 años del gobierno autocrático en Venezuela, los medios corporativos pasan por alto varios factores claves referente a las elecciones presidenciales pautadas para el 28 de julio. Primero, EE.UU. ha desempeñado un papel central en apoyar las aspiraciones presidenciales de Machado y, una vez que quedó claro que el gobierno de Nicolás Maduro permitiría su candidatura, Washington respaldó la idea de que ella tenía el derecho de escoger quien representaría la llamada oposición democrática unida.

Segundo, nunca estuvo claro en qué se basó Machado para asumir ese derecho. Esta pregunta es especialmente relevante dado que había otros candidatos que eran igualmente anti-Maduro pero mucho más calificados.

Y tercero, el ascenso de Machado como líder suprema de la oposición venezolana forma parte de una tendencia a nivel mundial en la que los dirigentes y movimientos de la ultra derecha han logrado avances espectaculares en los últimos años.

En cada decisión hecha por la oposición en los últimos meses, Machado ha tenido la última palabra, mientras que los líderes del centro-derecha han terminado cediendo a sus demandas. Su éxito está estrechamente vinculado al apoyo recibido de dos aliados fieles: Washington y los medios de comunicación corporativos.

Machado no es la solución fortuita para la oposición que sus aliados cercanos y los medios alegan. Sin embargo, la oposición tiene mejores perspectivas de éxito que en el pasado. A diferencia de las elecciones presidenciales de 2018 y las contiendas siguientes, todos los partidos de la oposición han optado por participar en el proceso electoral. Inclusive los más acérrimos anti-chavistas ahora reconocen que el abstencionismo electoral ha sido un error. Además, los cuatro partidos principales de la oposición conocidos como el G4, y su alianza más amplia, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), están apoyando a Machado. En octubre pasado, la declararon ganadora de las primarias de la oposición con un 92% de los votos.

El gobierno venezolano ha inhabilitado a Machado para ocupar cargos públicos por varias razones. En principio la razón fue que en 2014 aceptó un nombramiento diplomático del gobierno panameño y luego participó en una reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA) en representación de Panamá donde hizo un llamado para la intervención extranjera en Venezuela. En junio de 2023, el Contralor Nacional reiteró la inhabilitación.

Tras esto, Machado insistió que el apoyo popular en Venezuela, conjuntamente con la presión internacional, obligaría al gobierno de Maduro a echar atrás. Sin embargo, poco antes de la fecha tope para la inscripción de los candidatos en marzo, Machado cambió su posición y escogió un sustituto para su candidatura. En una jugada sorprendente, Machado convenció a Edmundo González Urrutia, un diplomático poco conocido, sin carisma y con poco interés en participar activamente en la política, para ser el candidato presidencial de la PUD. Al aceptar la candidatura, González indicó que no tenía intención de hacer campaña en todo el país y agregó que "Maria Corina está haciendo eso muy bien".

Hasta la fecha, González ha participado solamente en solo uno de los diez mítines presidenciales principales de Machado. “Machado se ha convertido en la reina de las tarimas”, escribió Resumen Latinoamericano, y en el proceso ha eclipsado a los otros dirigentes de la PUD.

A pesar de la aparente unidad de la oposición, las dos corrientes políticas principales que respaldan la candidatura de González Urrutia tienen objetivos en cierto modo divergentes. Para el centro-derecha (liderado por los partidos del G4, Acción Democrática [AD], Un Nuevo Tiempo y algunos dirigentes de Primero Justicia), la única prioridad es sacar a Maduro del poder. Consideran que la unidad de la oposición es esencial para lograr ese objetivo. No importa mucho quien sea el candidato ya que el mensaje principal de la oposición es que el reemplazo de Maduro pondrá fin inmediato a la grave privación que ha sufrido el pueblo venezolano.

La estrategia del centro-derecha para llegar al poder contrasta con la de Machado y la extrema derecha en dos aspectos claves. Primero, al enfocar su mensaje en el objetivo de sacar a Maduro del poder, en lugar de políticas específicas, el centro-derecha busca garantizar la unidad de la oposición y evitar posiciones divisorias. Y segundo, un discurso menos agresivo tendría una mayor posibilidad de convencer a los Chavistas aceptar resultados electorales no favorables.

Eduardo Fernández, un candidato presidencial en 1988 quien aspiró a ser el candidato de la PUD en 2024, hizo un llamado a la unidad nacional y a la “reconciliación” como una forma de lograr la unidad de la oposición y al mismo tiempo convencer a los Chavistas a abandonar el poder sin temor de represalias. Otro candidato presidencial, Antonio Ecarri, que está fuera de la PUD, ha prometido mantener a Vladimir Padrino López como Ministro de Defensa. Esta propuesta busca convencer a los Chavistas de que no habrá represión contra ellos, similar a lo que Violeta Chamorro intentó demostrar en Nicaragua cuando nombró al sandinista Humberto Ortega jefe del Ejército en 1990.

En otra demostración que él es nada más que un suplente, González Urrutia ha dicho que su programa del gobierno es idéntico al que Machado presentó para su propia candidatura presidencial. El programa de González promueve la economía de laissez faire en su forma más extrema. Su propuesta electoral sobre el tema económico lo demuestra: “La atracción de capitales privados es la solución, y la estrategia para lograrlo es la privatización”.

La propuesta de la privatización de petróleo no puede ser bien recibida por AD y su desprendimiento, Un Nuevo Tiempo, quienes se atribuyen el mérito de la nacionalización de la industria al gobierno adeco de Carlos Andrés Pérez en 1976. Manuel Rosales (de Un Nuevo Tiempo), que según Bloomberg “tiende a ser más a la izquierda” que Machado, lanzó su candidatura presidencial respaldado por el partido Fuerza Vecinal, que se opone explícitamente a la privatización petrolera. Partidarios de Machado criticaron a otro aspirante presidencial, Henrique Capriles de Primero Justicia, por decir “el petróleo es del pueblo”.  

A pesar de las diferencias, Machado ha logrado imponer su posición en cada instancia. Por ejemplo, Capriles, quien también estaba inhabilitado, se retiró de las primarias para evitar dar al gobierno una excusa para marginar a la PUD completamente. Sin embargo, Machado se negó a hacer lo mismo. Luego insistió que ella tenía el derecho de escoger al candidato principal de la oposición. A pesar del debate dentro de la PUD sobre este asunto, nuevamente el centro-derecha terminó cediendo a su exigencia. Algunos líderes de la PUD apoyaron a Machado por temor a que ella optara por el abstencionismo, una posibilidad que Capriles advirtió podría ocurrir. 

Desde que Machado escogió a González Urrutia, ella ha dado órdenes a sus aliados que no mencionen la posibilidad de una privatización total en los sectores de la salud, la educación y la empresa estatal PDVSA. Además, González asoma la posibilidad de implementar un plan de “justicia transicional”, que podría significar una actitud más conciliadora hacia los Chavistas. Sin embargo, Machado está tan identificada con las posiciones radicales de la derecha que es difícil creer que este cambio de postura sea más que una táctica pragmática de la campaña. Además, González carece de capital político para poder desafiar la voluntad de Machado, si es que alguna vez tuviera la intención de hacerlo.

Carlos Ron, El Viceministro para América del Norte, me dijo “Machado no está engañando a nadie al no hablar de una privatización masiva. Durante toda su carrera política, esa ha sido una de sus principales banderas”.   

Washington: El aliado fiel de Machado

Entre los líderes de la oposición venezolana, Machado es sin lugar a duda, la favorita de Washington. A pesar de haber expresado simpatía por Trump en la víspera de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020, el gobierno de Biden la respalda abiertamente. Desde el punto de vista ideológico, Biden como centrista político, tiene más afinidad con los líderes de la PUD como Rosales y Capriles que con Machado.

La preferencia de Washington por Machado se hizo particularmente evidente entre el 26 de enero, cuando el Tribunal Supremo de Justicia determinó que ella no podía ser candidata presidencial, y el 19 de abril cuando González Urrutia fue nombrado como candidato de la PUD. Durante ese periodo, una periodista preguntó a Francisco Palmieri, Jefe de la Misión de EE.UU a Venezuela ubicada en Bogotá, “¿Cualquier candidato de la oposición satisface al gobierno de Biden?” Palmieri respondió directamente: “Nosotros hemos, y vamos a seguir, apoyando a María Corina Machado como candidata de la oposición democrática”.

Al adoptar esta postura, EE.UU. descartó otras opciones para derrotar a Maduro. Manuel Rosales, por ejemplo, tenía méritos a su favor. Además de haber sido elegido alcalde de Maracaibo y luego gobernador del estado populoso de Zulia en tres ocasiones, su candidatura presidencial fue apoyada por la Fuerza Vecinal, un partido nuevo que estaba ganando popularidad.

Palmieri justificó el apoyo estadounidense a Machado argumentando que ella había ganado las primarias de la oposición, pero Rosales no había participado en ellas.

Además, hay 9 contrincantes contra Maduro en las elecciones del 28 de julio. La oposición de la línea dura acusa a algunos de ellos de “colaborar” con Maduro y los etiqueta de “alacranes”. Pero no todos pueden ser llamados, ni remotamente, “colaboradores”, como, por ejemplo, en el caso de Ecarri.

La posición del gobierno de Biden en cuanto a las divisiones de la oposición conduce a varias preguntas y asuntos importantes.

Primero, y ante todo, dado el atractivo de otros candidatos presidenciales, el apoyo incondicional de Washington a Machado no solo constituye una intromisión en los asuntos internos de Venezuela, sino en los asuntos internos de la oposición. Claudio Fermín, candidato presidencial por AD en 1993 y uno de los 10 candidatos para 2024, afirmó “yo no había visto nunca una injerencia externa de tal naturaleza en una campaña electoral venezolana”, y agregó que ella ha recibido “un consentimiento exultante” de algunos en Venezuela.

El apoyo inquebrantable de Washington a Machado posiblemente está relacionado con su versión extrema del neoliberalismo que incluye la privatización de la industria petrolera.

Es posible que Washington también vea con buenos ojos la línea dura de Machado hacia los Chavistas. Durante el gobierno de Trump, Machado incluso solicitó a Washington que suspendiera sus esfuerzos de establecer un diálogo con Maduro, que, para ella, era nada más que un “fraude”.  Ella también rechazó la “impunidad” para los Chavistas a quienes acusa de “criminales y mafiosos que han utilizado el dinero proveniente del narcotráfico y la comida de los venezolanos”.

Esta línea dura contrasta con la posición del encuestador opositor Luis Vicente León quien sostiene que las negociaciones entre la oposición y el gobierno de Maduro son necesarias e inevitables, independientemente del resultado de las elecciones del 28 de julio. Su argumento cobra relevancia dado que el nuevo mandato presidencial no comienza hasta 6 meses después de esa fecha.

La decisión de Machado de nombrar un sustituto y centrar la campaña en su figura personal parece destinada a desafiar al gobierno que ha prohibido su candidatura. Su estrategia confrontativa apunta a romper radicalmente con el pasado chavista y allanar el camino para la implementación del tipo del neoliberalismo que ella apoya.

 

Los medios de comunicación corporativos: Otro firme aliado de Machado

Los medios han detallado cada una de las acusaciones contra el gobierno de Maduro por violar las normas democráticas durante el proceso electoral. Sin embargo, no han informado sobre la violación más significativa del principio de la democracia: los devastadores efectos de las sanciones que van a influenciar a que muchos venezolanos opten por votar por la oposición como la única vía para normalizar las relaciones con Washington. Así que los medios corporativos omitieron las declaraciones del ex-presidente colombiano Ernesto Samper quien describió las sanciones como una forma de “colonialismo monetario” y una intromisión en los asuntos internos de Venezuela y otros países.

Los medios corporativos han actuado como una caja de resonancia para las afirmaciones de Machado, incluso aquellas que algunos consideran dudosas.

Su alegato de contar con un apoyo abrumador tanto nacional como internacional refuerza dos de sus argumentos centrales. Primero, que ella tenía el derecho de escoger al candidato de la oposición. Y segundo, que en esta ocasión, y a diferencia de los años anteriores, el abstencionismo electoral no es necesario. Sin embargo ¿son creíbles estas afirmaciones? Hay hechos que las ponen en duda.

Los resultados anunciados de las primarias de la oposición el pasado octubre, que dieron a Machado un 92% de los votos, han sido objeto de cuestionamiento. Machado había vetado la incorporación del Consejos Nacional Electoral (CNE) en el proceso de las primarias. En contraste, Henrique Capriles y otros líderes del centro-derecha favorecieron su participación en base de que el CNE ofreció un mayor apoyo logístico que incluía 5000 centros de votación.    

Las primarias fueron supervisadas por la ONG “Súmate.” Machado es fundadora y previamente vicepresidente de Súmate, que estableció 3000 centros de votación, algunos de ellos en casas particulares. Súmate ha sido denunciada por recibir fondos del notorio National Endowment for Democracy. Teodoro Petkoff, destacado líder de la oposición, lo acusó por practicar un estilo autoritario. Petkoff, quien fue pre-candidato presidencial en 2006 (y luego asesor principal del candidato Manuel Rosales para las mismas elecciones), anunció que no participara en las primarias de ese año organizadas por Súmate, precisamente por la falta de confianza en esa organización.

Carlos Prosperi de AD, candidato en las primarias en octubre del año pasado, rechaz los resultados anunciados por Súmate. Su acusación fue reforzada por el hecho de que Súmate no auditó el conteo y que los votos fueron quemados inmediatamente después del escrutinio.

Luis Vicente León también ha puesto en duda la afirmación de Machado de que González cuenta con el 80% de apoyo electoral, destacando que los mítines de Capriles en la campaña presidencial de 2012 fueron “absoluta y claramente superiores a las movilizaciones de Machado”. 

León, quien claramente simpatiza con González, sostiene que hay demasiadas variables en juego para predecir una victoria de González el 28 de julio. Plantea la posibilidad de que mediante lo que denomina “ingeniería electoral” (muy distinto a fraude electoral), Maduro puede ganar las elecciones. Como ejemplo, señala la posibilidad de colas excesivamente largas en los centros de votación de áreas de clase media donde el sentimiento anti-chavista es notablemente fuerte.

Este análisis contrasta con las declaraciones de Machado, ampliamente difundidas por los medios corporativos, de que Maduro sólo podría ganar medianamente un “fraude gigantesco”.   

Machado y el surgimiento de la derecha extrema a nivel internacional

Machado recibió menos del 4% de los votos en las primarias de la oposición para las elecciones presidenciales de 2012. Su ascenso como líder “principal de la oposición” refuerza los esfuerzos por crear lo que algunos llaman “un internacional reaccionario emergente” o, como lo describe Steven Forti en la revista NACLA, una especie de “familia global” de la extrema derecha.

Las posiciones de Machado en su mayoría coinciden con los dirigentes y movimientos reaccionarios que han surgido en el siglo 21 en América Latina. Su defensa al capitalismo tipo laissez faire, que incluye la desregulación para “estimular la iniciativa privada”, apunta hacia un neoliberalismo estilo “shock-treatment”. Esta misma tendencia se asemeja al compromiso de Javier Milei de “destruir el Estado desde adentro”, como también la defensa del “legado económico de Pinochet” por parte del ultra-derechista chileno José Antonio Kast.  

Las posiciones de Machado sobre las relaciones internacionales también están alineadas con la visión geopolítica de la ultra derecha en otras partes del continente. No oculta su sentimiento pro-EE.UU., y su hostilidad hacia sus adversarios incluyendo a Rusia, China e Irán. En este sentido, predice que “una vez que logremos lo que vamos a lograr en Venezuela, eso sí que va a ser una estocada final para regímenes como los de Nicaragua y Cuba”. 

Uno de los aspectos distintivos de la ultra derecha es su odio hacia la izquierda, un sentimiento que la retórica de Machado refleja claramente. Ella critica fuertemente al Foro de São Paulo al que implícitamente acusa de “múltiples dinámicas criminales que van desde la corrupción feroz y obscena hasta el financiamiento del narcotráfico, pasando por la presencia de grupos irregulares y terroristas”.  

Sin embargo, en su favor y a diferencia de la ultra derecha en otras partes del mundo, Machado ha adoptado posiciones relativamente moderadas en temas sociales como el matrimonio gay, el cual acepta, y los derechos reproductivos de las mujeres.

Machado es una internacionalista. No sólo abraza posiciones reaccionarias sino que también ha expresado abiertamente su apoyo y ha establecido relaciones con líderes derechistas en Europa, Israel y América Latina.

Al igual que la ultra derecha en otras partes, Machado toma partido en elecciones a favor de sus contrapartes ideológicas en otros países. En las elecciones argentinas de 2023, esperaba por la “derrota definitiva del Kirchnerismo” mientras que elogiaba a Milei como “super claro, audaz, y lleno de energía”. Manteniendo vínculos con el Partido Popular derechista de España, Machado también enfatiza su relación especial con el partido ultra-derechista Vox, el cual de acuerdo con la revista Jacobin “desempeña un papel central en la emergencia de un internacional reaccionario”, mientras llama a Santiago Abascal, dirigente principal de ese partido, su “amigo”.  

El apoyo que Machado recibe de sus aliados de la ultra derecha es más pronunciado que el de los centristas. En una entrevista con Machado transmitida por YouTube, el ex–presidente de Colombia, el derechista Iván Duque, calificó a la oposición venezolana como “la resistencia”. Además, al igual que Machado en ese entonces, afirmó que Chávez realmente perdió la elección revocatoria en 2004, a pesar de haber sido declarado ganador con 59% del voto, un resultado validado por el Centro Carter.

Machado, al igual que Milei y Bolsonaro, encarna el populismo: es una figura carismática y polarizadora con un discurso maniqueo sin el soporte de un partido político fuerte.  

En muchos países, el centro derecha (como el Partido Popular en España, los dirigentes del Partido Republicano en los EE.UU.) han pactado o aceptado los términos impuestos por la ultra derecha. En otros países los partidos centristas tradicionales han visto su apoyo reducido considerablemente o han sido desplazados por la ultra derecha como en Colombia y Argentina.

La polarización detrás de estas tendencias es precisamente lo que está ocurriendo en Venezuela. En ese país, el 28 de julio, los votantes escogerán entre un candidato de la ultra derecha y Nicolás Maduro, situado al lado izquierdo del espectro político. Independientemente de los resultados electorales, los líderes del centro-derecha de la PUD no se recuperarán fácilmente de las heridas causadas por la ultra-derechista María Corina Machado.  

 

Steve Ellner es profesor de historia económica jubilado de la Universidad de Oriente en Venezuela, y actualmente un editor asociado de la revista Latin American Perspectives. Es autor de El fenómeno Chávez: sus orígenes y su impacto (Editorial Tropykos y el Centro Nacional de Historia) y compilador de La izquierda latinoamericana en el poder: Cambios y enfrentamientos en el siglo XXI (CELARG).

Traducido con la ayuda de Carmen Sánchez de Ellner y Michelle María Ellner.


Monday, July 8, 2024

María Corina Machado: What the Mainstream Media Isn’t Saying About Her



Steve Ellner

NACLA: Report on the Americas


For every decision Venezuela’s opposition has made in recent months, the far-rightist María Corina Machado has had the last word. Center-right leaders, meanwhile, have ended up capitulating to her demands. Her success has much to do with the backing she has received from two faithful allies: Washington and the mainstream media.

With all the hype over María Corina Machado being the only real hope for Venezuela to overcome 25 years of autocratic rule, the mainstream media loses sight of several key factors surrounding the nation's presidential elections slated for July 28. First, the U.S. has played a central role in favor of Machado's candidacy and, once it was clear that the government of Nicolas Maduro would not allow her to run, Washington backed the notion that she had the right to choose who would represent the so-called united democratic opposition at the polls.

Second, it was never clear on what basis Machado claimed to have that right, especially in light of the fact that there were contenders who were as anti-Maduro as her pick and were infinitely more qualified.

And third, Machado's rise as the supreme leader of the Venezuelan opposition is part of a world-wide trend in which far-right leaders and movements have achieved major inroads.

Machado is not the godsend for the opposition portrayed by the media and her close supporters. But opposition leaders have more cause for hope than in the past. Unlike the 2018 presidential elections and subsequent electoral contests, all opposition parties, large and small, have opted for electoral participation. Even those most stridently opposed to the Chavistas (the followers of Hugo Chávez)
now recognize that electoral abstentionism had been a losing game. Furthermore,
the four main opposition parties known as the G4, and its broader alliance, the Plataforma Unitaria Democrática (PUD), are united behind Machado. Last October, she was pronounced the winner in the opposition primaries with a whopping 92 percent of the vote.

The Venezuelan government has disqualified Machado from holding public office for a number of reasons. The initial one was her acceptance in 2014 of a diplomatic position from the government of Panama enabling her to address the Organization of American States, where she called for foreign intervention in Venezuela. In June 2023 the National Controller reimposed the ban.

After that, Machado insisted that popular support at home coupled with international pressure would force the Maduro government to back down. Shortly before the deadline for registering candidates this March, Machado switched gears by choosing a surrogate to run in her place. In a surprise move, she convinced Edmundo González Urrutia, a little-known former diplomat with no
charisma and admittedly no desire to run for office, to be PUD's presidential candidate. Upon accepting the candidacy, González revealed that he had no intention of barnstorming around the country, adding "Maria Corina is doing it very well."

González has participated in only one of Machado’s 10 large presidential campaign rallies held to date. “Machado dominates the stage,” wrote Resumen Latinoamericano, adding “she converted herself into the queen of the [rally] platforms” and in the process has eclipsed all other PUD leaders.

In spite of the opposition's unity, or at least the appearance of it, two major political currents supporting the candidacy of González Urrutia are in some ways at cross purposes. For the center-right (led by the G4 parties Acción Democrática [AD], Un Nuevo Tiempo and some of the leaders of Primero Justicia), unseating president Nicolás Maduro is the one and only priority and to do so the unity of the opposition is essential. In fact, it almost doesn’t matter who the united candidate is because the opposition's principal message is that the removal of Maduro from office will put an abrupt end to the country’s economic hardships.

The center-right's strategy for reaching power differs from that of Machado and the far-right in two aspects. First by focusing its message on unseating Maduro, as opposed to specific policies, the center-right hopes to guarantee unity of the opposition by avoiding divisive positions. And second, a less aggressive discourse would stand a better chance of convincing the Chavistas to accept unfavorable electoral results.

Eduardo Fernández, a presidential candidate in 1988 who aspired to be PUD’s candidate in 2024, called for national unity and “reconciliation” as a way to guarantee unity of the opposition and to convince the Chavistas to relinquish power without fear of retribution. Another presidential runner, Antonio Ecarri, who is outside the PUD’s fold, has pledged to retain Vladimir Padrino López as Defense Minister. The proposal is designed to convince the Chavistas that repression against them will not be forthcoming, much as Violeta Chamorro attempted to do in 1990 when she named the Sandinista Humberto Ortega to head the Army.

In another sign that he is a stand-in, González Urrutia stated that his government program is the same as that put forward by Machado in her bid for the presidency. His candidacy’s program embraces laissez faire economics with a vengeance. Indeed, its position on privatization says it all: “The attraction of private capital is the solution and privatization is the strategy to achieve it.”

The prospect of the privatization of oil can’t sit well with AD and its offshoot Un Nuevo Tiempo, which take credit for the industry’s nationalization in 1976 by an AD government. Un Nuevo Tiempo’s Manuel Rosales, who Bloomberg stated “tends to be more leftist in his ideology” than Machado, launched his presidential candidacy supported by the Fuerza Vecinal party, which explicitly opposes oil privatization. Machado supporters criticized another presidential aspirant, Henrique Capriles, for saying the oil is the people’s.”  

In spite of differences, Machado has gotten her way at each instance. For example, Primero Justicia’s Henrique Capriles, who was also prohibited from running, dropped out of the primaries in order to avoid giving the government an excuse to keep the PUD completely on the sidelines. But Machado refused to do the same. Then she insisted on her right to choose the opposition’s main candidate. The PUD heavily debated the issue but again ended up giving in to her demand. Some PUD leaders supported Machado out of fear that she would opt for electoral abstentionism, a possibility that Capriles alluded to during the primaries campaign.

Since Machado chose González Urrutia, she has given orders to her allies not to refer to the total privatization of health, education and the state oil company PDVSA. Furthermore, González raises the possibility of implementing “transitional justice,” which implies leniency toward leading Chavistas. However Machado is too closely identified with radical positions on the right to think that the new line is anything more than a pragmatic campaign tactic. Furthermore, González lacks the political capital to be able to buck the will of Machado, even if he has the intention to do so.

Carlos Ron, Venezuela’s Deputy Minister for North America, told me “Machado isn’t fooling anyone by not talking about mass privatization. Throughout her political career, this has been her most cherished banner.”

Washington: Machado’s Faithful Ally

Among the leaders of the Venezuelan opposition, Machado is Washington's unmistakable favorite. The Biden administration backs her even though she expressed sympathy for Trump on the eve of the 2020 U.S. presidential elections. Certainly, from an ideological viewpoint, the centrist Biden has more in common with PUD leaders like Rosales and Capriles than with Machado.

Washington's singular preference for Machado became particularly evident between January 26, when the Supreme Tribunal of Justice definitively ruled that she could not run for president, and April 19 when González Urrutia became the opposition’s candidate. During that period, a journalist asked Francisco Palmieri, head of the U.S. mission for Venezuela located in Bogotá, if "any opposition candidate would satisfy the Biden administration." Palmieri went straight to the point: "We have  and will continue to support María Corina Machado as the candidate of the democratic opposition."  

In assuming this stance, the U.S. discarded other options to unseat Maduro. Manuel Rosales, for instance, had much going for him. In addition to having been elected mayor of Maracaibo and then three times as governor of the populous state of Zulia, his presidential candidacy was endorsed by Fuerza Vecinal, a new party with a good electoral track record. Palmieri justified U.S. support for Machado on grounds that she won the opposition primaries, but Rosales had not participated in them.

Furthermore, there are 9 candidates who are running against Maduro in the July 28 elections. The hardline opposition accuses some of them of “collaborating” with Maduro and calls them “alacranes” (scorpions). But not all of them, such as in the case of Ecarri, can even remotely be called collaborators.

The failure of the Biden administration to maintain a neutral position with regard to the internal divisions of the opposition raises a number of questions and issues.

First and foremost, given the attractiveness of other presidential candidates, Washington’s unconditional support for Machado is not only an intrusion in the internal affairs of Venezuela, but in the internal affairs of the Venezuelan opposition. Claudio Fermín, who had run for president on AD’s ticket in 1993 and is one of the 10 presidential candidates for 2024, said “I have never seen this degree of external intervention in a Venezuelan electoral campaign,” adding that it has received “exuberant approval” from some.

Washington’s unswerving support for Machado may be related to her extreme version of neoliberalism which includes the privatization of the oil industry.

Machado’s hard line on the Chavistas may also be to Washington’s liking. During the Trump administration, Machado even called on Washington to call off efforts to establish a dialogue with Maduro, calling such an endeavor a “fraud.” Echoing allegations coming from Washington, she rejected “impunity” for Chavistas who she called “criminals and mafiosos who have utilized money coming from drug trafficking and the food of Venezuelans.”

This hardline runs counter to the thesis put forward by opposition pollster Luis Vicente León that negotiations between the opposition and the Maduro government are necessary and even inevitable, regardless of who wins on July 28. León’s position is especially compelling given that the new presidential term does not begin until 6 months after the July 28 elections.

Machado's decision to choose a surrogate and center the campaign on herself appears designed to mock the government and its decision to ban her from running. Her conflictive and confrontational approach is more likely to facilitate a radical break with the Chavista past and facilitate the implementation of the radical brand of neoliberalismo that she stands for. 

 

The Mainstream Media: Machado’s Other Faithful Ally

The mainstream media has meticulously reported each one of Machado’s accusations against the Maduro government for violating democratic norms regarding the electoral process. However the most far-reaching violation of the principle of democracy is not reported at all, namely the devastating U.S-imposed sanctions on Venezuela which will influence many Venezuelans to vote for the opposition as the only way to normalize relations with Washington.

A case in point is the declarations of Colombia’s ex-president Ernesto Samper, unreported in the mainstream media, that the sanctions represent a form of “monetary colonialism” and an intrusion in the internal affairs of Venezuela and elsewhere.

The mainstream media has served as an echo chamber for Machado’s claims, even those that some consider to be dubious.

Machado's claim that she enjoys overwhelming and unconditional domestic and international support buttresses two central arguments of hers. First, that she had the right to choose the opposition’s candidate. And second, that this time around, unlike in previous years, electoral abstentionism was unnecessary. But are her assertions credible? Plain facts place them in doubt.

The corporate media, for instance, takes for granted the accuracy of the announced results of the opposition’s primaries last October that gave Machado 92 percent of the vote. Machado had vetoed the participation of the National Electoral Council (CNE) in the process which Henrique Capriles and other center-right leaders favored on grounds that it promised greater logistical support including 5000 voting centers. Instead, the primaries were supervised by the NGO Súmate which Machado herself had founded and had been a vice president of and which opened just slightly over half the number of voting centers, some of them in people’s homes.

In the past, Súmate had been denounced for being funded by the notorious National Endowment for Democracy (NED). Indeed, the late opposition leader Teodoro Petkoff had called Súmate authoritarian and refused to participate in the opposition’s presidential primaries in 2006, which Súmate was to supervise, on grounds that the organization was not reliable.

The runner-up candidate for the primaries held in October 2023, Carlos Prosperi of AD, questioned the accuracy of the official tally, an accusation reinforced by the fact that Súmate failed to undertake an audit of the primaries and immediately burned the ballots.

Luis Vicente León also questions her claim of enjoying 80 percent support of the electorate and adds that the rallies of Capriles for the 2012 presidential elections were “absolutely and clearly superior to all of Machado’s mobilizations.”

León also argued that there were too many variables to predict that Machado would win on July 28. León has forcefully argued that without committing fraud, but through what he calls “electoral engineering,” Maduro could win the elections. In way of example, León refers to the possibility of extremely long lines outside voting centers in middle-class areas that are opposition strongholds.

Machado and the Rise of the International Far Right

Back in 2012, Machado received less than 4 percent of the vote in the opposition’s presidential primaries. Her rise as the “principal leader of the opposition” is a sign of the times and boosts the efforts to create what has been called an “emerging reactionary international,” or what Steven Forti called in this Spring’s issue of NACLA “a big global family” of the extreme right.

Most of the salient features of Machado’s discourse and positions coincide with those of reactionary leaders and movements that have emerged in twenty-first century Latin America. Machado’s embrace of laissez faire capitalism including deregulation to “stimulate private initiative” points in the direction of neoliberalism, “shock-treatment” style. This pattern manifests itself in Milei’s commitment to "destroy the state from within" and his concomitant shock treatment policies, as well as the defense by Chile’s far-right leader José Antonio Kast of Pinochet’s “economic legacy.”  

Machado’s positions on international relations also dovetail with those of the far-right elsewhere in the region. Machado makes no secret of being pro-U.S. and hostile to its adversaries including Russia, China and Iran. Along the same lines, she predicts that “once we achieve what we are going to in Venezuela, this will be the final sword thrust into regimes like Nicaragua and Cuba.”

One of the salient features of the far-right is its expression of hate for the left which Machado’s rhetoric reproduces. Thus she attacks the São Paulo Forum and implicitly accuses it of assenting to “criminal dynamics that go from obscene and ferocious corruption to financing drug trafficking…[and] terrorist groups.”  

To her credit, though, and in contrast to the far-right elsewhere, she adheres to moderate positions on social issues such as gay marriage, which she accepts, and abortion.  

Machado is an internationalist. She not only assumes reactionary positions but has openly supported and forged relationships with rightists in Europe, Israel and Latin America.

As the far-right does elsewhere, Machado takes sides in elections in favor of her ideological counterparts in other countries. Machado hoped for the “definitive defeat of Kirchnerism” in the 2023 elections in Argentina, at the same time that she called Milei “super-clear, bold, full of energy.” She maintains ties with the rightist Popular Party of Spain, but also stresses her special relationship with the far-right Vox, which according to Jacobin played a ”central role in an emerging reactionary international,” and called its head Santiago Abascal her “friend.”

The support Machado receives from her right-wing allies throughout the world is more emphatic and strongly worded than that from centrists. Thus, for instance, in a video interview with Machado, the right-wing ex-president of Colombia Iván Duque asserted that the Venezuelan opposition should be called “the resistance” and claimed, as Machado forcefully did at the time, that Chávez really lost the 2004 recall election, even though he was declared victor with 59 percent of the vote.

Machado, like Milei and Brazil’s Bolsonaro, embodies features of populism: she is a charismatic, polarizing figure with a Manichean discourse who lacks the backing of a strong political party.

In many countries, the center-right (the Partido Popular in Spain and Republican Party leaders in the U.S.) have made deals with, or have accepted the terms imposed by, the far right. In other countries traditional centrist parties have been reduced to a shadow of their former selves and have been displaced by the far right (Colombia, Argentina).

The political polarization behind these tendencies is exactly what is taking place in Venezuela. There on July 28 voters will be choosing between a far-right candidate and Nicolás Maduro, situated on the left side of the political spectrum. Regardless of the electoral outcome, the center-right leaders of the PUD will not easily recover from the bruises received from far-rightist María Corina Machado.  

 

 

Steve Ellner is an Associate Managing Editor of Latin American Perspectives and a retired professor of the Universidad de Oriente in Venezuela. His latest books include his edited Latin American Extractivism: Dependency, Resource Nationalism and Resistance in Broad Perspective (2021) and his coedited Latin American Social Movements and Progressive Governments: Creative Tensions Between Resistance and Convergence (2022).


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